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Para los personajes de Hasanović, el ciberespacio es su hábitat natural y la Krajina bosnia, una pequeña patria repleta de tinieblas y milagros.

EL MUNDO BAJO LA SUPERFICIE


por Adisa Bašić


[Reseña publicada en el semanario Slobodna Bosna (Bosnia libre), 09/01/2014, en la sección "El libro del mes".]


gitara

Rejhana es una estudiante de guitarra clásica en Estados Unidos que vuelve a Bihać, su ciudad natal, para pasar las vacaciones después de que su hermano haya sufrido un accidente de difícil explicación: sus amigos cuentan que lo vieron precipitarse desde la cima de "la Capilla", un edificio a medio construir donde los jóvenes de la ciudad acostumbran a reunirse y holgazanear. Además de un hermano excéntrico y una madre ligeramente menopáusica, la familia de Rejhana incluye también un fantasma, el de su padre Kemal, quien durante la guerra de los noventa fue asesinado bajo circunstancias aún no aclaradas. Durante su estancia en Bihać, Rejhana se ocupará de restablecer las relaciones con la familia y los amigos, al tiempo que tratará de resolver el misterio relacionado con el hipotético suicidio de su padre. Un desconocido empieza a enviarle mensajes de correo electrónico que supuestamente contienen información sobre la muerte de su padre, y a cambio espera que Rejhana participe en el juego, una investigación detectivesca en la que la joven músico deberá encontrar las piezas del rompecabezas y hacerlas encajar. Resolver este misterio permitirá a Rejhana saber cómo era realmente su padre y conocer a esa figura desde siempre ajena a la vida de la familia.


El hombre del sótano es la segunda novela de Nihad Hasanović, una obra que destaca en la producción literaria contemporánea de Bosnia-Herzegovina por muchos motivos. Los héroes de Hasanović son estudiantes, artistas, individuos con una sensibilidad refinada y una lucidez especial a través de la que perciben y experimentan la esquizofrénica realidad bosnia. Personajes que estudian, trabajan y viven moviéndose incesantemente entre su país natal y el extranjero. Sus biografías están fragmentadas, motivo por el cual retratan a la perfección las vidas de la mayoría de los habitantes de Bosnia-Herzegovina. Programadores informáticos que trabajan como conserjes de un edificio en Nueva York, como en el caso de Zuher, o pintores que, como Lu, durante la temporada de verano trabajan como camareros en los grandes cruceros caribeños: el mundo es su morada, incluida la Krajina bosnia, tierra natal de donde vienen sus raíces, y una región históricamente conocida por sus misterios y sus milagros. Cosmopolitas resignados que pese a no estar condenados a permanecer en Bosnia, siguen fatalmente ligados a ella, y se mueven por el mundo con facilidad sin perder nunca su sentido de pertenencia, pero, al mismo tiempo, sin poseer jamás una identidad completa.


En esta obra de Hasanović la guerra se entrelaza con las vidas de los protagonistas, si bien no es el tema principal. El trauma, la culpa y la tristeza no son solo emociones propias de la guerra, también se asientan en el cauce del río de la vida en tiempos de paz.


Asimismo, el autor recurre a lo fantástico, en donde el ciberespacio parece haberse convertido en el auténtico y nuevo hábitat de sus extraños jinetes solitarios. Sin dejar de lado su profundo interés por Bosnia, Hasanović nos guía por el mundo con el mismo sentimiento de destierro que el de sus criaturas, héroes que vagan por todas partes, espectadores. Las vidas humanas ocultan secretos insólitos, de modo que, como sugiere el autor, la búsqueda de respuestas puede convertirse en un fin en sí mismo. Con la mirada puesta en el pasado y en lo (in)explicable, seguimos endemoniadamente las pistas que nos depara mientras ante nosotros se escapa el presente.


En este libro, lo underground es a la vez una categoría física y psíquica, el lugar donde pasa la vida entera y donde los recuerdos más dulces conviven con los peores fantasmas. La Bosnia de la novela de Hasanović representa una de las posibles y existentes, pero en este caso su particularidad radica en el delicado humor y la sutileza con que el autor observa las contradicciones de la sociedad bosnia actual. La burocracia, inerte e hipertrófica, la corrupción y la compra masiva de títulos universitarios en la vida cotidiana coexisten con gente brillante y talentosa que alcanza éxitos extraordinarios, y con aquellos que ven atrapados en lo que se suele llamar una "vida normal". Como un río subterráneo que emerge por momentos, lo excepcional brota en un país donde los artesanos empiezan a desaparecer y los deportistas no pueden desarrollarse profesionalmente debido a las dificultades para obtener visados o a la falta de fondos para participar en competiciones deportivas en el extranjero.


La sutileza con que escribe Hasanović se advierte en una de las escenas de la novela en la que un niño en el parque juega con un balancín que tiene serrado uno de sus brazos: es la metáfora de la mutilación y el despojamiento generalizados, pero también de la apremiante necesidad de un niño por jugar, tan sombría como poéticamente verdadera. Hasanović trata el lenguaje de una manera responsable e imaginativa, a saber, "el debate en un foro de internet se dilató hasta alcanzar las veinte páginas" o "los veteranos drogadictos pasaban tanto tiempo en la Capilla que el moho de las paredes se extendió hasta sus rostros".


A pesar de que los acontecimientos que pueblan esta novela se sitúan en el contexto actual de Bosnia, los hechos se desarrollan también en un escenario global en el que, como mencionamos anteriormente, el ansia de esclarecer los lugares más recónditos de la propia vida resulta tan universal como fútil. Aún así, El hombre del sótano más que una renuncia derrotista a la búsqueda de respuestas, nos advierte sobre la verdadera importancia de formular las preguntas adecuadas.